El patrimonio construido de nuestros pueblos es la huella imborrable de la vida de las generaciones pasadas. Es una muestra definitiva de la acción de hombres y mujeres que con esfuerzo y, seguramente, muchas lágrimas, levantaron de la nada medios e infraestructuras para poder subsistir en un medio rural a veces hostil, a veces más amable, pero siempre alejado de los centros de poder. Además, una buena parte de los bienes públicos que se preservan aún en la actualidad, cumplían una función no solamente práctica y funcional, sino que también actuaban como elementos transversales de sociedad y comunidad. Servían de engranaje, de detonantes para el encuentro vecinal, para el intercambio de información, en definitiva, sostenían el imaginario colectivo e individual de los pueblos. Es decir, si nos pudieran hablar, narrarían las miles de historias y anécdotas de todas las almas, jóvenes y mayores que por allí pasaron, estuvieron o invirtieron su tiempo y salud por el bien común.
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| Los pilones restaurados. Foto del 14 de julio de 2024. Juzbado |
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